La mentiras del amor

El amor no es como te lo cuentan

El amor no es caminar tomados de la mano; el amor es tomarse de la mano cuando estamos enojados, para recordarnos quiénes somos.

El amor no es leer la mente de la otra persona; amar es ayudar al otro diciendo las cosas claras y directas, porque entendemos que el compañero que sabe leer entre líneas solo sucede en las películas.

El amor no se trata de tener sexo todas las semanas; el amor es no hacerlo durante un mes y saber bromear sobre ello. De hecho, tal vez saber hablar de sexo es más importante que tener sexo.

El amor no se trata de cambiar por la otra persona; el amor es comunicar claramente nuestras evoluciones y nuestro camino para que el otro no se quede atrás.

El amor no es pedirle a la otra persona que cambie; el amor es notar sus evoluciones y actualizar su imagen en nuestra cabeza.

Nos cuentan muchas mentiras sobre el amor. Mentiras que crean expectativas enfermizas que luego rompen las parejas. Dejemos de creer que quienes nos aman deben leernos la mente, que después de años deben saber lo que necesitamos sin que se lo digamos, que si nos aman deben cambiar por nosotros, que si no cambiamos por ellos es porque no los amamos (se puede cambiar solo por uno mismo), que es importante mantener viva la pasión a toda costa (¡no lo es, lo importante es hablarlo!), que el sexo es el pegamento de un matrimonio…

Son mentiras con las que crecemos e imaginamos el amor, pero el amor no es lo que nos cuentan en las películas o en las redes sociales. Muchas veces ni siquiera es lo que vemos en casa, sobre todo si los padres esconden emociones y peleas (esto también crea expectativas poco saludables, ¿cómo puedo reconocer un amor sano si no tengo un modelo sano de amor en casa?).

El amor es compromiso y trabajo duro. Sería mucho más fácil si todos nos dijéramos la verdad.

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