El amor es duro trabajo. Y eso es normal.

Carlotta Cerri
Salva

Esta foto la sacamos en Santander en el septiembre del 2014, cuando yo estaba embarazada de Oliver de pocos meses.

Hoy, después de salir de casa enfadada con Alex por la segunda mañana seguida, me puse a pensar en cómo nuestra relación ha empeorado desde que nos hicimos padres. Como mis padres están divorciados, a veces me pregunto si esto es una señal de que algo está realmente mal. Pero tan pronto como empecé a escribir sobre todo lo que ha cambiado y sus causas, me di cuenta de algo importante que a veces olvidamos cuando estamos enojados, cansados ​​y frustrados: todo esto es normal.

Nos ponemos mucho de lo nervios últimamente.

Es normal cuando pases de ser una pareja sólida que lo habla todo y nunca va a la cama enfadado el uno con el otro, a ser padres de dos bebés y perder casi todo el tiempo de pareja.

Nos volvemos locos ultimamente, y no somos tan pacientes, comprensivos y tolerantes el uno con el otro como solíamos ser.

Es normal cuando pases de usar toda tu paciencia para la pareja, a usarla toda (y más) para sobrevivir el día con un niño de dos años y una bebé de dos meses.

Rara vez tenemos una conversación de adultos.

Es normal que después de poner a los niños a dormir, si no tenemos trabajo que hacer en el ordenador, sólo nos apetece disfrutar del silencio mirando nuestros móviles o leyendo un libro. También es normal que cuando tengamos una conversación de adultos, lo más probable es que hablemos de los niños.

A veces ni siquiera cenamos al mismo tiempo.

Es normal que la cena se haya convertido más en una asunción de nutrientes que una reunion de familia: la mayoría de los días, cenar significa conseguir tragar algo de comida mientras tratamos de convencerle a Oliver a que coma y ponemos caras divertidas para que Emily no se aburra.

A menudo nos sentimos como padres solteros, y esto también es normal.

Alex sale de casa por la mañana y vuelve al atardecer. Luego coge a los niños y prepara la cena para que yo pueda tener un poco de tiempo para mí (y me doy cuenta de que esto es un privilegio que los padres solteros verdaderos no tienen). Luego cogemos un niño cada uno y los dormimos. Por la noche, Oliver es de Alex y Emily es mía.

A veces me pregunto cómo vamos a sobrevivir esto como pareja.

Y creo que esta vez la respuesta es bastante sencilla: sabiendo y recordándonos constantemente que todo esto es normal. ES. TODO. NORMAL.

Creo que muchas parejas no lo saben o no piensan en ello: tienen esta idea romántica de que de alguna manera será diferente para ellos, que no lucharán, no se pelearán, no se sentirán como si la pareja esté ahogando. Que el amor siempre será tan fuerte como los primeros años. Que su corazón siempre se sentirá enamorado. Que siempre sacarán lo mejor uno al otro. Que siempre le parecerá fácil amarse y estar juntos.

No es así.

Un matrimonio es un trabajo duro. El amor es un trabajo duro. Tienes que trabajar muy duro y sin parar para hacer que la pareja funcione, y tienes que ser más racional y menos emotivo.

No siempre te sentirás enamorado, pero habrán momentos en los que recordarás por qué te enamoraste (como anoche cuando puse mi cabeza sobre el pecho de Alex y él me acarició el pelo mientras hablábamos, o el otro día cuando me hizo reír tanto que tenía lagrimas). El amor y la pasión se convertirán en algo diferente antes de lo que piensas, se convertirán en confianza, respeto, afecto, colaboración—y si lo aceptas, verás que es mucho más gratificante y reconfortante que el amor. Tendrás que aprender a hacer compromisos en cada paso del camino, pero con el tiempo vendrá natural y modelará a vosotros como pareja y a ti como individuo, para mejor. No siempre tendréis sexo: especialmente cuando vienen los niños, el sexo parecerá un recuerdo lejos durante mucho tiempo, pero si no dejas que la culpa controle tus emociones y aprendes a reír y bromear sobre ello (para que no se convierta en un tabú), eventualmente volverá y será natural como antes.

E incluso si racionalmente sabes todo esto, dudarlo todo es también normal.

Cuando lucháis mucho; cuando estáis cansados y no os apetece pasar tiempo juntos después de un largo día; cuando los niños absorben la pareja y los adultos que una vez eran compañeros desaparecen; cuando cada pequeño gesto o palabra del otro te vuelve loco; cuando la pasión parece perdida para siempre. Dudar es normal.

Pero creo firmemente que si el amor parece un trabajo duro, estamos en el camino correcto—porque significa que estamos dispuestos a trabajar duro para ello. Y creo que si Alex y yo hemos llegado a este punto, después de diez años juntos, un perro y dos niños, nada de esto es una señal de que algo está mal. Es una fase.

Y es normal.

¿Alguna vez te has sentido de esta manera con tu marido / pareja? ¿Cómo han cambiado los niños vuestra relación? Me encantaría que me lo contaras :-)

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