Los niños no deben escucharnos

“Oliver, ¿sabes que a veces te decimos que no hagas esto o aquello? Bueno, si tú crees que está bien, hazlo. O presunta por qué no, cuestiónanos. Piensa con tu cabeza. No nos escuches. Queremos que seas tú mismo, ¿de acuerdo?”.

El otro día escuché a Alex decirle esto a Oliver:

“Oliver, ¿sabes que a veces te decimos que no hagas esto o aquello? Bueno, si tú crees que está bien, hazlo. O presunta por qué no, cuestiónanos. Piensa con tu cabeza. No nos escuches. Queremos que seas tú mismo, ¿de acuerdo?”.

Mi primer pensamiento fue: ¡eso es contraproducente! Nos enfadamos tanto cuando hace lo que quiere, sin escucharnos… ¿por qué le decimos que no nos escuche?

Mi segundo pensamiento fue: ¡Alex tiene razón! Es posible que nos cueste más como padres durante algunos años, pero este enfoque será más beneficioso para Oliver por el resto de su vida. Queremos que crea en sí mismo y que sea un pensador crítico: “Haz lo que digo yo” no crea pensadores críticos.

Esto no significa que los niños tengan que hacer lo que quieran. Significa que con demasiada frecuencia nuestra mentalidad jerárquica, temerosa, aprensiva y disciplinante les impide pensar por sí mismos. Y a veces, muchas veces, entre un castigo y una amenaza, también pierden la capacidad de cuestionarnos. Se convierten en "niños buenos" según la (falaz) mentalidad común. Olvidan cómo hacer oír su voz frente a lo que creen que son injusticias. No desarrollan la confianza en sí mismos que desarrollarían naturalmente si les permitiéramos elegir (y fallar) más a menudo.

Son unos años de más esfuerzo (nuestro) frente a una vida de beneficios (de ellos): no tengo que pensármelo ni media vez. Alex tiene la razón. 

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