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La semana pasada os he hablado de lo que nos gusta de la alimentación complementaria, que es un metodo alternativo maravilloso para introducir comida solida en la dieta de tu bebé.
Pero. Siempre hay un pero, verdad? Hay algunas cosas que no me gusan y que simplemente tengo que aceptar. Aquí están:
Puede dar miedo!
Sobre todo los primero días, espérate escenas de ahogo, caras rojas y muchos sustos! Según los expertos (y si quieres empezar este metodo te recomiendo informarte antes, leer un buen libro o hacer un curso), hay que dejar que el niño aprenda solo (muy Montessori, no?). Puede parecer que se esté ahogando pero no es así: los niños tienen el reflejo de reflujo en la parte muy anterior de la lengua, así que mientras los adultos entendemos que nos estamos atragantando solo cuando la comida está ya casi en la garganta, los niños empiezan a hacer el gesto de reflujo en cuanto la comida toque un poco más alla de la punta de la lengua.
El primer instinto es socorrerle, pero hay que esperar: lo mejor que los padres pueden hacer es estar pendientes, sonreír y dejarle solucionar el problema solo (sin ayudarle, sentándote en tus propias manos si hace falta). Nosotros lo hicimos y Oliver aprendió en pocos días (pero sí, nos llevamos unos sustos que os contaré!).
Es leeeento!
Empezar es muy lento. Durante los primeros tres o cuatro meses, Oliver no comía mucho, no probaba casi nada y solo quería jugar y experimentar con la comida (que es exactamente lo que tenía que hacer). Han habido días que creía que no iba a funcionar y me preocupaba que Oliver no estuviese comiendo bastante nutrientes.
He tenido que tomar un respiro largo y recordarme lo que había aprendido del libro: la leche materna (o artificial) sigue siendo la base de la nutrición, así que no importa si el niño come comida solida o no. Oliver comerá cuando estará listo. Y así fue.
"No se si me gusta, no lo pruebo!"
En esos primeros meses, Oliver no era muy aventurero. Todo lo que no le parecía familiar, no quería ni tocarlo. A veces era frustrante, especialmente esas pocas veces que le cocinaba algo diferente para intentar que comiese y ni lo probaba—lo tocaba con el dedito y lo empujaba hasta el borde de la bandeja de su trona para verlo caer. Qué divertido!
Un día me di cuenta de que a veces rechazaba la comida no porque no le gustase, sino porque no la conocía. Así que he empezado a meterle la comida nueva directamente en la boca (no se tendría que hacer, pero yo lo hice): muchas veces la escupía, pero otras la comía y pedía más.
Nuestro éxito fue no parar nunca de darle lo que rechazaba: poco a poco aprendió por lo menos a probarlo y a veces a apreciarlo (y sigue haciéndolo).
No es muy ambientalista
Desafortunadamente, se gasta bastante comida. Cuando a un niño no le gusta algo, lo más probable es que lo tire al suelo. Nosotros tenemos suerte porque nunca hemos tenido que tirar la comida: Colbie, nuestra perra aspiradora, lo limpia todo! Pero me doy cuenta de lo difícil que tiene que ser sin mascotas cuando vamos a un restaurante y con la cuenta tengo que pedir también escoba y fregona.
La situación ha mejorado mucho desde que enseñé a Oliver a darlo “a mamá”: ahora cuando me doy cuenta de que está a punto de tirar algo, le pido que me lo de a mí y la mayoría de las veces lo hace.
A veces es demasiado autonomo
Este metodo se basa en la autonomia, libertad e independencia del niño a la hora de comer, que hay que respetar hasta cuando no es fácil. Hace unas semanas Oliver se tiró una semana sin comer casi nada. Le he dejado elegir, por supuesto, dándole lo que le gustaba más entonces (mandarinas), pero por dentro estaba preocupada.
Lo unico que he podido hacer es repetirme que Oliver se conoce. Que si tiene hambre me pide comida o leche. Y recordarme que hasta nosotros a veces no nos encontramos bien—dolor de garganta, de dientes, de estomago—y no nos apetece comer. Para él es igual. Así que sigue al niño, siempre.
Si te ha gustado, no te pierdas como empezar la alimentación complementaria, o sea, nuestro primer día con la comida solida a los seis meses.