No estoy lista para dejarlo ir (o "cuando te vuelve a bajar la regla")

Carlotta Cerri
Salva

Para hoy tenía planeado otro post, pero esta mañana me desperté y pasó algo para que no estaba preparada. Después de 611 días, de los cuales 277 de embarazo y 342 de criar a nuestro niño maravilloso, me ha vuelto a bajar la regla. Es como si las hormonas se hayan finalmente enterado de lo que tenían que hacer y boom! He vuelto a la normalidad. De repente, todo tiene sentido: el sentirme mucho más agobiada de lo normal en pensar en problemas y buscar soluciones, la falta de energía en mis clases de baile, el cansancio cuando me despierto por la mañana aunque haya dormido bien y esta sensación general de agotamiento de los últimos días.

Sabia que iba a pasar y sé que habría podido pasar mucho antes, pero pensaba que habría tardado más. Pensaba tener más tiempo para… no sé para que, solo pensaba tener más tiempo. Y os pido disculpa por adelantado si este post no va a tener ningún sentido o no es tan útil como otros que he escrito, pero la única manera que conozco para enfrentar la tristeza es escribir.

Solía ser una persona muy emotiva, pero vivir con un hombre muy racional durante nueve años me ha cambiado profundamente. Así que incluso ahora puedo racionalizar. Sé que son solo esas mismas hormonas traviesas que han vuelto a tomar control de mis emociones, que me llenan los ojos de lágrimas y me hacen sentir sin aliento.

Puedo racionalizar. Sé que tendría que estar contenta porque ahora monito número dos es una posibilidad verdadera.

Puedo racionalizar. Sé que el sentirme paradójicamente triste e ilógicamente vulnerable desde que Oliver ha empezado a dormir bien es porque he parado de darle el pecho por la noche. Lo echo de menos.

Puedo racionalizar. Sé que esta sensación de inquietud mental está probablemente relacionada al miedo irracional de terminar la leche, ya Oliver está comiendo muy bien con la alimentación complementaria y tomando el pecho solo un par de veces al día.

Puedo racionalizar. Sé que no tener leche o terminarla es una leyenda urbana, que mi cuerpo se adaptará (y ya se ha adaptado por la noche) para que Oliver tenga tanta leche como necesita/quiere.

Puedo racionalizar. Sé que muchas mujeres pueden tener depresión cuando dan el pecho o lo dejan y estoy segura de que no es mi caso para nada.

Así que sí, puedo racionalizar, pero en días como este, simplemente no quiero. Quizás quiera sentir la tristeza; quiero permitirme de estar triste porque mi pequeño bebé ya está creciendo y lo que me encanta más en el mundo mundial — ese suspiro cuando coge el pecho, esa conexión tan única y especial entre nosotros — está inevitablemente llegando a su fin. Quiero permitirme de estar triste porque mi hijo me necesitará ya un poco menos. Hoy, por primera vez, entiendo lo difícil que será encontrar esa madurez en el ser madre de que habla esta madre en sus notas sobre como criar a un hijo.

La lágrimas de hoy—irracionales y legítimas al mismo tiempo—han cancelado todas las tonterías.

He pasado la últimas tres semanas buscando una guardería y niñeras para poder seguir dando clases y tener también tiempo libre para mí, para cortarme el pelo, para hacer ejercicio, para escribir. Hoy he finalmente entendido porque estaba tardando tanto. No estoy lista para dejar ir mi bebé. Quizás no sea maduro ni racional — espero tener toda una vida juntos y todo lo mejor está aún por venir — quizás sea hasta un poco egoísta, pero es como es. No estoy. Lista. Para dejarle ir.

En los cinco meses pasados, Oliver ha empezado a gatear y después a andar; ha probado muchas comidas nuevas y ahora come casi más que yo; ha empezado a hacer no con la cabeza, a indicar, a organizar cosas a su manera, darnos cariño, echarnos de menos, y un millón de otras cosas increíbles que simplemente ha empezado a hacer. Un día, de la nada. Ha aprendido todo esto y mucho más solo. En solo cinco meses. Y yo estaba allí en cada momento para grabarlo en mi memoria y a veces en video. Aún así, hoy no puedo parar de pensare en este pensamiento tan tonto: nunca, nunca, nunca volveré a tener este tiempo con él, Oliver tendrá 11 meses, 12 meses, y cada mes a seguir solo una vez en nuestra vida.

Quizás en una semana, un mes o en cuanto pase esta tormenta de hormonas, soñaré otra vez con cortes de pelo y tiempo libre, pero ahora mismo lo único que quiero es cogerle, abrazarle fuerte y nunca dejarle ir. Y sabes que? Eso es exactamente lo que haré.

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