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Anoche me senté en el salón, en el suelo porque ya no tenemos sofá, miré a mi alrededor y pensé, ¿cuántas personas realmente venderían todo lo que poseen para viajar por el mundo? No lo digo porque me siento especial, ¡soy genuinamente curiosa! ¿Tú lo harias? Tengo sentimientos encontrados sobre todo esto: AMO esta “purificación”, con cada cosa que doy, siento que libero un par de miles de células en mi cuerpo; ODIO el desperdicio, con cada cosa que doy pienso en la cantidad de cosas que poseemos que no necesitamos o que usamos muy poco. Y aunque sé que eventualmente nos pararemos en algún sitio (?), espero que esta sea una lección aprendida y que tendremos los cojones y la disciplina para no comprar nunca lo que no necesitamos.